martes, 12 de abril de 2011

...*

No podía quitársela de la cabeza.
La imaginaba, la soñaba, la veía. Cerraba los ojos y estaba allí, en su mente, llenándosela de fantasías. Podía olerla, podía oírla, podía sentir cada roce de su piel, aunque hasta ese momento no hubieran sido más que eso, roces, al caminar, al darle la mano para ayudarla a levantarse cuando se habían sentado en la hierba del parque, al robarle un suspiro sin que ella se diera cuenta...
Era la primera vez en la vida que tenía miedo de perder algo. Adiós a su seguridad, al aplomo con el que siempre se enfrentó a las cosas. La vida le mostraba la primera trampa. Y era imposible librarse de ella.

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